viernes, 27 de septiembre de 2013

3. Soy crocante?

El otro día una amiga bien mayor posteó en facebook estos típicos statements con foto graciosa incluida que decía que en resumen, frente al hecho evidente de que el cuerpo entero suena con el paso de los años, se puede llegar a la siguiente conclusión: "no estoy vieja, estoy crocante".
Me dio risa. Me la imaginé crocante. Acto seguido me paré y me acordé que también a mi me suenan las rodillas. Y después moví la cabeza y el cuello también sonó. Uy.
Ya, uno puede y debe aceptar algunos cambios que se van produciendo con la vida, el ajetreo, los años, el carrete... pero de ahí a dejarse tirada es otra cosa.
Recuerdo inevitablemente que cuando estuve en Melbourne un personal trainer me hizo una evaluación y me dijo que mi cuerpo estaba en la condición de una mujer 10 años mayor. En ese momento estaba ingresando a un gimnasio, en el que tras 1 mes y medio pude ver grandes cambios... pero no po, no soy de gimnasio, me da paja.
Entonces veo que me queda asumir una postura intermedia, entre la de aceptación de lo que es inevitable y la del esfuerzo para modificar lo modificable. Me teñí las canas, dejé el azúcar, camino un poco más, tomo vino en vez de destilados... manejo lo que puedo para sentir que algo hago, sin ponerme fanática.
Asumo que bajando unos kilitos las rodillas sonarán menos, porque esa es una "crocancia" que no debería aún validar. 

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