martes, 24 de septiembre de 2013

1. Cuando todo comenzó.

Tengo un poco perdido el momento en que todo esto comenzó. Tal vez fue en un lejano Iquique, cuando el parejo de una ex cuñada (muy "ubicado", por lo demás) me comentó de lo más relajado: "- Flaca, como que se te cayó el poto". Yo tenía apenas 22 o 23. 
Tal vez fue años más tarde, cuando el esposo de una de mis mejores amigas me hizo notar que ya no le calzaba mi tradicional apodo con lo que era entonces mi imagen corporal... y por lo tanto, decidió -obviamente de manera unilateral- que pasaría a llamarme "Ex-Flaca". Tendría yo alrededor de 30.
Entre los 35 y 36 estuve viviendo unos meses fuera de Chile, período en que dejé de trabajar. Tenía  bastante tiempo libre, aunque también bastantes ansiedades, tal vez originadas por lo mismo. El espejo emergió como un elemento importante aunque no central en mis tiempos ociosos y a la vez se convirtió en un pequeño e insidioso delator de algunos cambios que estaban sucediendo sin que yo me diera mucho cuenta. Fue así que descubrí un poco consternada mis primeras canas y lo que la gente llama "líneas de expresión", que siendo honesta no son más ni menos que derechas arrugas reflejo del vencimiento de la piel y demás.
En estos días me han fotografiado en eventos sociales diversos. Dada la inmediatez del contexto digital, cada vez que lo han hecho he podido ver mi imagen al momento y sentir que no me gusta lo que veo. Se ha venido una retoma y la conclusión ha sido la misma, que no me gusta lo que veo. Pasa que una parte de mí se desconoce, se ha producido un desencuentro entre cómo me pienso y lo que soy. 
En este contexto, ayer estaba en el ascensor y cometí un error garrafal (en serio, no lo hagan, y si lo hacen, aténganse a las consecuencias). Me pregunté ingenuamente qué sería de  la parte posterior de mi cuerpo, que la verdad, nunca miro con detención. Procedí con la cámara de mi súper moderno iphone a fotografiarme con la ayuda del espejo correspondiente y me encontré con aquello que en realidad estaba evitando: con el cuerpo de una mujer de 38 años, más bien rellena, más bien cuadrada, más bien chilena-tradicional, es decir, con el incipiente cuerpo de mi madre.
Fue este fulminante encuentro con la realidad, el que me llevó a proponer armar este blog. Necesito un espacio para dar cuenta del hecho de que está apareciendo ante mis ojos una señora que en principio me da la sensación de que no la conozco y que finalmente parece ser que soy yo.


2 comentarios:

  1. De pura ociosa busqué la letra de la señora de las 4 décadas: Muchos eufemismos...

    Y pisadas de fuego al andar
    Su figura ya no es la de los quince
    Pero el tiempo no sabe marchitar
    Ese toque sensual
    Y esa fuerza volcánica de su mirar.
    Señora de las cuatro décadas
    Permítame descubrir
    Que hay detrás de esos hilos de plata
    Y esa grasa abdominal
    Que los aeróbicos no saben quitar.

    Jajajajajajajaja...

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